La prevención de riesgos laborales (PRL) no solo trata de establecer normas, sino de comunicar eficazmente medidas que promuevan la seguridad, el bienestar y la salud de los trabajadores. Sin embargo, muchos técnicos nos enfrentamos a un reto común: lograr que el mensaje realmente cale.
Algunos profesionales transmiten la información como parte de un proceso metodológico, con la esperanza de que en algún momento tenga impacto. Otros lo hacen porque es su obligación, pero sin esperar un cambio real. ¿Quién no ha escuchado alguna vez la frase: “¿Para qué me voy a esforzar si nunca me hacen caso?” Quizás el problema no sea la falta de interés de los trabajadores, sino nuestra manera de comunicar.
El tiempo, dinero y esfuerzo que se invierte en mejorar la comunicación en PRL está directamente relacionado con una menor siniestralidad en las empresas. Y en un mundo donde la información se consume de manera completamente diferente a hace unos años, seguir utilizando los mismos métodos tradicionales es un error.
- Contenido atractivo y dinámico
Las redes sociales han revolucionado la forma en que aprendemos y retenemos información. Hay creadores de contenido que enseñan historia de forma amena, cuentan curiosidades culturales de manera atractiva e incluso logran que sus seguidores asimilen más información que en una clase de colegio o universidad tradicional. ¿Cuál es la clave? La presentación del contenido.
En PRL, deberíamos aplicar el mismo principio: crear mensajes dinámicos, visuales y atractivos. Si la comunicación es monótona o demasiado técnica, los trabajadores la percibirán como una obligación más, en lugar de una herramienta útil.
- Elegir el momento adecuado
El medio en el que comunicamos es clave. Nuestro cerebro es más receptivo cuando estamos en un entorno relajado, sin presión laboral. Por ejemplo, si alguien coge su móvil para desconectar, su mente tiene espacio para asimilar contenido sin verlo como una carga.
¿Por qué no aprovechar esos momentos para comunicar PRL de forma efectiva? En lugar de depender únicamente de formaciones presenciales o carteles que pasan desapercibidos, podemos integrar pequeños recordatorios en espacios inesperados: mensajes en los vestuarios, infografías en los descansos o vídeos cortos en dispositivos de trabajo.
- Adaptar el lenguaje al público
No se trata solo de traducir materiales a distintos idiomas, sino de hablar en el tono adecuado. Si los trabajadores están acostumbrados a un lenguaje coloquial, usar un tono excesivamente formal reducirá el impacto del mensaje. Como formadores, debemos mimetizarnos con el entorno, conocer a nuestro público y adaptar nuestra comunicación a ellos.
En esencia, somos como profesores que intentan enseñar un temario a alumnos que no tienen interés en la materia. Si queremos captar su atención, necesitamos técnicas que hagan la información más accesible y relevante.
- La importancia de la apariencia y la cercanía
El vestuario también influye en la percepción del mensaje. Un técnico en traje hablando sobre el uso de EPIs o la manipulación de cargas puede generar una barrera inconsciente en los trabajadores: “¿Y este qué sabrá? Seguro que nunca ha cargado una caja en su vida”.
Para generar confianza, es recomendable vestir de manera similar a los trabajadores y, si es posible, acompañarlos en una jornada de trabajo. Esto no solo mejora nuestra comprensión de sus desafíos diarios, sino que también facilita que acepten nuestras recomendaciones con mayor disposición.
- Incluir figuras clave dentro del equipo
La formación no tiene que ser únicamente responsabilidad del técnico de PRL. En cada equipo hay personas que destacan por hacer más amena la jornada laboral, aquellos que se llevan bien con todo el mundo y generan buen ambiente.
¿Por qué no aprovechar su influencia? Formarlos a ellos y realizar la capacitación en conjunto con ejemplos prácticos hará que el mensaje sea más efectivo. Un compañero de confianza puede ser el mejor aliado para reforzar la cultura preventiva en el día a día.
Ser disruptivos para generar impacto
Si queremos que la PRL realmente tenga un efecto positivo, debemos salirnos de lo convencional y adaptar nuestra comunicación a las nuevas realidades.
- Innovemos en los formatos.
- Elijamos el momento adecuado.
- Adaptemos el lenguaje y la imagen.
- Contemos con aliados dentro del equipo.
Porque la prevención no tiene por qué ser aburrida, y comunicarla bien puede marcar la diferencia.
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